La quest comienza en el Día 1, cuando encontramos a Anne White, una anciana vestida de luto, aferrada a un bastón donde se leen los nombres de sus hijos.
Está refugiada en un rincón de la calle, observando el humo con una mezcla de miedo y obstinación. Su voz ronca y suave nos recibe con un dicho:
“Huir del fuego para caer en las brasas… ¿Qué caso tiene?”
Si aún no la conocemos, se activa una presentación del personaje.
Anne explica que no piensa marcharse sin recuperar sus pertenencias, los últimos restos de su familia: un cofre, cartas, un retrato… objetos que guarda como si en ellos respirara la memoria de los que perdió.
Este deseo (proteger los recuerdos de su vida) establece el objetivo inicial de la misión.
A partir de ese momento, la quest depende de nuestro avance durante los días 1 y 2.
La clave para ayudar a Anne es si hemos hablado con el mercader, quien posee un carro necesario para trasladarla junto a sus pertenencias.
Anne, obstinada pero cariñosa, nos repite a menudo:
“Hijo, mis piernas ya no siguen el paso de la ciudad… sin un carro, no llegaré lejos.”
Este nos ofrece una pequeña quest: ayudarlo a cambio del carro.
La misión funciona como un puente directo al destino de Anne.
Si logramos completarla, conseguimos el carro necesario para evacuar a Anne y sus pertenencias.
Esto prepara el camino para ayudarla a escapar durante el Día 2.
Si fallamos la quest, el mercader no cede.
Anne permanece atrapada, aferrada a sus objetos, y cada día que pasa refuerza su decisión de no abandonar su hogar:
“Toda mi vida está aquí… Si estas paredes arden, que ardan conmigo.”